ContraformaLos fundamentos del diseño, explicados

El espaciado tipográfico

El espaciado tipográfico se gobierna con tres controles de la tipografía que casi siempre se confunden: el interlineado, que separa una línea de la siguiente; el tracking, que abre o cierra por igual toda una serie de signos; y el kerning, que corrige el espacio entre dos signos concretos.

Término

El espaciado tipográfico

Categoría

Ajuste del blanco entre líneas y entre signos

No confundir con

El interletraje de un logotipo, que se dibuja caso por caso

Dónde se decide

Después de fijar el cuerpo y la medida, nunca antes

Lámina dibujada: El espaciado tipográfico. El interlineado separa líneas, el tracking separa letras, el kerning separa dos.
El interlineado separa líneas, el tracking separa letras, el kerning separa dos.

Los tres actúan sobre escalas diferentes, y por eso ninguno sustituye a otro. El interlineado trabaja en vertical y sobre el párrafo entero. El tracking trabaja en horizontal y sobre un tramo. El kerning, en horizontal y sobre un solo par de signos. Un texto que se lee mal por interlineado corto no mejora abriendo el tracking.

ControlQué separaAlcanceCómo se mide
InterlineadoUna línea de la siguienteEl párrafo o el bloqueDe línea de base a línea de base
TrackingTodos los signos de un tramoUna palabra, una línea, un bloqueEn unidades relativas al cuerpo
KerningDos signos contiguosUn solo parPar por par, en tablas de la propia tipografía

El interlineado se mide de línea de base a línea de base

El interlineado se mide de línea de base a línea de base, y no de la parte de abajo de una línea a la de arriba de la siguiente. Esa precisión importa porque significa que el interlineado no depende de si en una línea concreta hay descendentes o no: la distancia es constante aunque el dibujo cambie.

Para texto corrido, el valor habitual va del 120 % al 145 % del cuerpo. Compuesto al 100 %, es decir al mismo valor que el cuerpo, el párrafo se lee con esfuerzo porque las líneas se tocan y el ojo pierde el renglón al volver al margen. Con demasiado interlineado se deshace en líneas sueltas.

El interlineado se decide junto con la medida de la línea y con el cuerpo, nunca por separado. Cambiar el ancho de columna sin volver a mirarlo es el origen más común de un texto que se leía bien en la maqueta y mal en la pieza terminada.

El tracking abre o cierra una serie completa

El tracking ajusta el espacio de toda una serie de signos por igual, y su uso legítimo es corregir una tipografía en condiciones para las que no fue dibujada. Son tres casos.

  • Abrir un texto compuesto todo en versales, porque el espaciado de las mayúsculas está calculado para convivir con minúsculas y en bloque quedan apretadas.
  • Abrir un texto muy pequeño o impreso en blanco sobre fondo oscuro, donde la tinta invade el blanco interior y los signos se pegan.
  • Cerrar un titular grande, porque el espaciado que funciona a cuerpo de lectura sobra cuando la letra crece.

Lo que no es un uso legítimo es abrir o cerrar el tracking de un párrafo para que el texto entre en un espacio o para eliminar una línea suelta. El texto queda con un gris distinto al de las páginas vecinas y el remedio se nota más que el problema. Cuando el texto no cabe, lo que sobra es texto.

El kerning corrige pares, no párrafos

El kerning corrige el espacio entre dos signos concretos, y existe porque el ancho de cada letra es fijo mientras que el blanco que dos formas dejan entre sí no lo es. Una A junto a una V dejan un hueco entre sus diagonales que ninguna de las dos causó por sí sola. Lo mismo pasa con T seguida de o, con V seguida de a y con las combinaciones de comilla y letra.

Una tipografía profesional trae esos pares resueltos en tablas internas y los programas los aplican solos. El trabajo manual empieza donde esas tablas terminan: en las combinaciones raras, en los acentos del español, y sobre todo en los tamaños grandes, porque un desajuste invisible a cuerpo de lectura se vuelve un agujero en un titular.

Cómo se juzga un espaciado sin instrumentos

Un espaciado se juzga mirando el blanco y no la letra, que es un ejercicio de figura y fondo, la relación que Edgar Rubin ilustra en 1915 con su figura ambigua. Hay dos maneras probadas de forzar esa mirada. La primera es entrecerrar los ojos hasta que el texto se desenfoque: lo que queda es la mancha, y en la mancha se ven los agujeros, los renglones pegados y los tramos más oscuros. La segunda es dar vuelta la página o voltear la imagen, con lo que el texto deja de leerse y sólo se ve la distribución del blanco.

Hay tres defectos que aparecen así y no aparecen leyendo. Los ríos, canales blancos que atraviesan en vertical un párrafo justificado y que se corrigen con la medida y con la partición de palabras, no con el tracking. Los renglones que se tocan, señal de interlineado corto. Y los pares con hueco, que son kerning y afectan a dos signos, no al párrafo.

Lo que el espaciado cambia y lo que no

El espaciado cambia cómo se recorre un texto, no qué tan reconocible es cada letra. Un párrafo con el interlineado corregido se lee de corrido, y el mismo párrafo con las líneas pegadas obliga a volver atrás. Ninguna de las dos cosas modifica la forma de los signos: la altura de x, la contraforma y el grosor del trazo son las que el dibujo decidió.

Esa distinción separa dos discusiones que suelen mezclarse. Cuánto se tarda en recorrer un texto y con cuánto esfuerzo es asunto del interlineado, que va del 120 % al 145 % del cuerpo, de la medida de la línea y del cuerpo en puntos de 0.3528 mm. Qué tan distinguible es un signo de otro es asunto del dibujo de la tipografía, y se trata en la página de legibilidad. Ajustar el espaciado no arregla una tipografía mal elegida, y elegir bien no exime de espaciar.