ContraformaLos fundamentos del diseño, explicados

La clasificación tipográfica

La clasificación tipográfica es el intento de ordenar en clases las miles de tipografías que existen, agrupándolas por la forma del remate, el contraste del trazo y la época en que fueron dibujadas.

Término

La clasificación tipográfica

Categoría

Sistema de ordenación de familias tipográficas

No confundir con

La anatomía, que nombra las partes de un solo signo

Dónde se decide

Al buscar una familia, para saber dónde mirar

Lámina dibujada: La clasificación tipográfica. Las clasificaciones no coinciden entre sí. Sirven para hablar, no para juzgar.
Las clasificaciones no coinciden entre sí. Sirven para hablar, no para juzgar.

Existen varios sistemas, ninguno es oficial y no coinciden entre sí.

Conviene decirlo antes que nada, porque ahorra confusión: una clasificación tipográfica no es una verdad sobre la letra, es una herramienta de búsqueda y de enseñanza. Sirve para acotar el campo cuando hay que elegir, y para que un profesor pueda explicar por qué una letra de 1757 y otra de 1927 no se parecen. Fuera de eso, casi todas las tipografías interesantes desobedecen a la clase en la que se las mete.

AaRomana
AaEgipcia
AaPalo seco
AaCaligrafica

Los tres sistemas que se citan y por qué no coinciden

Los tres sistemas que se citan en la enseñanza en español clasifican cosas distintas, y de ahí viene el desacuerdo. Francis Thibaudeau clasifica en 1921 por la forma del remate, y con eso obtiene un puñado de grupos muy fáciles de reconocer a simple vista. Maximilien Vox propone en 1954 un sistema histórico y morfológico a la vez, que la Association Typographique Internationale adopta en 1962 con once clases. La norma alemana DIN 16518, de 1964, ordena el mismo material con otro criterio y otro número de grupos.

SistemaAñoCriterio principal
Thibaudeau1921La forma del remate, mirada directamente
Vox1954Historia y morfología combinadas
Vox adoptada por la ATypI1962Once clases
DIN 165181964Norma alemana, otro reparto de grupos

Las clases con remate, de la garalda a la egipcia

Las clases con remate se ordenan bien por una sola variable observable: cuánto contraste hay entre el trazo grueso y el fino, y cómo es el remate que cierra el asta. La garalda toma su nombre de Claude Garamond, que trabaja en París en el siglo XVI, y tiene contraste moderado, eje inclinado y remates finos. La transición aparece con John Baskerville en Birmingham hacia 1757, con más contraste que una garalda y un eje que ya se endereza. La didona, de Firmin Didot en París y Giambattista Bodoni en Parma a finales del siglo XVIII, lleva el contraste al extremo y remata con líneas finísimas y horizontales.

La egipcia rompe esa serie. Las tipografías de remate cuadrado aparecen en Inglaterra hacia 1815 y no nacen para el libro sino para el cartel, en una época en la que la publicidad impresa necesita letras que griten desde lejos. Su remate tiene el mismo grosor que el asta, y por eso aguanta tamaños grandes y tintas gruesas mucho mejor que una didona.

El palo seco y sus tres ramas

El palo seco, la letra sin remates, es más reciente de lo que se supone: la primera tipografía sin remate impresa aparece en un catálogo de William Caslon IV en 1816, casi al mismo tiempo que las egipcias y por el mismo motivo comercial. Tarda casi un siglo en volverse un material de uso general, y el punto de inflexión es Akzidenz-Grotesk, de la fundición Berthold, publicada en 1896.

Dentro del palo seco se distinguen tres ramas por el esqueleto del dibujo, y esa distinción sí es útil al elegir. La grotesca del siglo XIX, con Akzidenz-Grotesk a la cabeza y después Helvetica, de Max Miedinger y Eduard Hoffmann para la fundición Haas en 1957, tiene formas cerradas y terminales horizontales. La geométrica se construye con círculos y rectas: Futura, de Paul Renner, es de 1927. La humanista conserva las proporciones de la letra escrita a mano y de la romana clásica: Gill Sans, de Eric Gill, es de 1928.

Las clases que ningún sistema resuelve bien

Quedan fuera de ese orden tres grupos que los sistemas tratan de maneras distintas. Las góticas o de escritura quebrada, que en la imprenta europea son anteriores a todo lo demás: la Biblia de 42 líneas se imprime en Maguncia hacia 1455 con una letra de ese tipo. Las cursivas y caligráficas, que imitan el trazo escrito con pluma o pincel y que en español se llaman también script, con la dificultad añadida de que su parecido con la caligrafía es una imitación y no un origen. Y las de fantasía o display, un cajón que agrupa por función, no por forma, todo lo que está dibujado para un titular y no para un párrafo.

Hay un caso que muestra el límite de cualquier clase: Times New Roman, encargada por The Times de Londres, dirigida por Stanley Morison, dibujada por Victor Lardent y estrenada por el periódico en 1932. Tiene rasgos de transición y rasgos de didona, y se dibuja con una restricción que ninguna clase histórica contempla, que es caber en una columna de periódico. La clase describe el aire de familia; no explica para qué se hizo la letra.

Cómo se usa una clasificación al elegir una tipografía

Al elegir una tipografía, la clasificación se usa como un primer filtro y nunca como el criterio final. Primero se decide si la pieza pide remate o no, después qué grado de contraste aguanta el soporte, y sólo entonces se mira dentro del grupo resultante. Una didona de la tradición de Giambattista Bodoni, con remates finísimos, se rompe en una impresión pequeña sobre papel absorbente, y ese es un dato de la clase, no del nombre concreto.

El resto lo deciden cosas que ninguna clasificación registra: si la familia trae las variantes que la pieza va a necesitar, si el juego de signos incluye los acentos y la eñe del español, y cómo se comporta al cuerpo real de uso. La comparación que más se repite, la de remate contra palo seco, tiene página propia, y la legibilidad se mide aparte y con otros criterios.