ContraformaLos fundamentos del diseño, explicados

Combinar tipografías

Combinar tipografías consiste en hacer convivir dos familias en una misma pieza de modo que se distingan con claridad y no compitan, y la regla que lo gobierna es una sola: se combinan por contraste de estructura, nunca por parecido.

Término

Combinar tipografías

Categoría

Decisión de composición tipográfica

No confundir con

La jerarquía, que se construye dentro de una sola familia

Dónde se decide

Al elegir familias, antes de componer la primera página

Lámina dibujada: Combinar tipografías. Dos familias que no se parecen en nada se llevan mejor que dos que casi se parecen.
Dos familias que no se parecen en nada se llevan mejor que dos que casi se parecen.

La confusión que arruina más combinaciones es creer que dos tipografías deben parecerse para armonizar. Ocurre lo contrario. Dos familias parecidas producen un choque incómodo, porque el lector percibe que algo cambió pero no consigue ver qué, y la pieza se lee como un error de archivo. Dos familias claramente distintas producen una diferencia legible, y la diferencia legible es lo que hace que un titular se lea como titular.

Cuántas familias necesita una pieza

Una pieza necesita dos familias como máximo en la mayoría de los casos, y muchas veces necesita una sola. La cuenta correcta no es de familias sino de variantes distinguibles: un texto corrido, un titular, un pie de foto y un dato destacado son cuatro niveles, y una familia bien surtida los cubre sin ayuda.

El ejemplo que zanja el argumento es Univers, publicada por Adrian Frutiger en 1957 con 21 variantes numeradas y ordenadas en una matriz de peso y anchura. Una familia con esa cobertura resuelve un informe entero, un sistema de señalética o una interfaz completa, y todos los niveles quedan emparentados por construcción. Traer una segunda familia cuando la primera todavía tiene variantes sin usar añade un problema que no hacía falta tener.

Combinar por contraste de estructura

El contraste de estructura es la diferencia de esqueleto entre dos tipografías, y es el criterio que hace previsible una combinación. La diferencia más clara y más comprobada es la de remate: una serif contra una sans serif se distinguen de inmediato, a cualquier tamaño y sin necesidad de color. Después vienen el contraste de trazo, la proporción y el eje.

Eje de contrasteQué se comparaCaso documentado
RemateCon serifa contra palo secoTimes New Roman, 1932, frente a Helvetica, 1957
Contraste de trazoGrueso y fino muy distintos contra grosor parejoUna didona de finales del siglo XVIII frente a Futura, 1927
Esqueleto del palo secoGeométrico contra humanistaFutura, 1927, frente a Gill Sans, 1928
ÉpocaDibujo de tradición manuscrita contra dibujo industrialUna garalda del siglo XVI frente a una egipcia de hacia 1815

Lo que no se combina bien son dos tipografías del mismo grupo. Dos grotescas de finales del siglo XIX, o dos geométricas, comparten proporciones y terminales, y al ponerlas juntas la diferencia queda por debajo del umbral en que el ojo la interpreta como intencional. La prueba es directa: si al mirar el titular y el texto hay que acercarse para saber si son la misma letra, no lo son lo bastante.

Lo que las dos familias tienen que compartir

Las dos familias tienen que compartir tres cosas para que la pieza se sostenga, y ninguna de las tres es la forma de la letra. La primera es una altura de x compatible, porque si una tiene la minúscula mucho más alta que la otra, los cuerpos nominales dejan de servir como referencia y hay que ajustarlos a ojo hasta que se vean del mismo tamaño. La segunda es un color de gris parecido en el párrafo, es decir un peso de trazo que no haga que un bloque manche mucho más que el otro. La tercera es una anchura compatible, porque una condensada junto a una extendida obliga a recomponer todas las medidas de columna.

Las superfamilias y el atajo que ofrecen

Una superfamilia es un conjunto tipográfico dibujado desde el principio para incluir versiones con remate y sin remate que comparten el mismo esqueleto, las mismas proporciones y la misma altura de x. El atajo que ofrecen es evidente: la parte difícil de una combinación, que es hacer coincidir proporciones y peso, viene resuelta de fábrica, y entre los dos bloques sólo cambia el remate.

Ese planteamiento es el mismo que Univers había llevado a un solo dibujo en 1957, extendido ahora a dos o tres dibujos emparentados. Tiene un costo: la diferencia entre las dos versiones de una superfamilia es tan controlada que a veces resulta insuficiente para separar un titular de un texto, y entonces hay que reforzarla con peso y con espacio. Es una herramienta cómoda, no una decisión automática.

Los errores que se repiten al combinar

Los errores que se repiten al combinar tipografías son cuatro y se reconocen a simple vista.

  1. Sumar familias en lugar de usar variantes, cuando la redonda, la cursiva y la negrita de la primera todavía estaban sin tocar.
  2. Elegir dos tipografías del mismo grupo, con lo que la diferencia se percibe como descuido y no como decisión.
  3. Igualar los cuerpos nominales en vez de igualar la altura de x, con el resultado de que un bloque se ve más pequeño aunque los puntos coincidan.
  4. Repartir las familias por capricho, alternándolas de sección en sección en lugar de asignar cada una a una función estable en toda la pieza.

El último error es el más caro. Una combinación funciona cuando el lector, sin pensarlo, aprende en la primera página qué significa cada letra: esta es la voz que titula, esta es la voz que explica. Cambiar esa asignación a mitad de camino desmonta el aprendizaje y obliga a leer la pieza como si empezara de nuevo. Lo mismo pasa en una interfaz, donde el reparto tiene que aguantar además todos los estados de un componente y todos los tamaños de pantalla.